Durante años escuchamos hablar del Corredor Bioceánico de Capricornio como una gran oportunidad para Jujuy. Y efectivamente lo es. Pero las oportunidades tienen una particularidad: no esperan a que todos estén preparados.
Mientras Argentina avanza con mayor lentitud en obras y definiciones necesarias para el corredor, nuestros países vecinos continúan desarrollando infraestructura, puertos, conexiones y proyectos. Al mismo tiempo, empresas e inversores empiezan a mirar este nuevo mapa logístico de Sudamérica y a tomar decisiones que pueden durar décadas.
Por eso creo que tenemos que cambiar la pregunta.
Ya no alcanza con preguntarnos cuándo estará terminado el corredor. Tenemos que preguntarnos qué lugar queremos que ocupe Jujuy cuando funcione plenamente.
Nuestra ubicación es extraordinaria. Tenemos el Paso de Jama, conexión directa con Chile y los puertos del Pacífico, Zona Franca, parques industriales, aeropuerto internacional, infraestructura ferroviaria y una actividad minera que nos vincula cada vez más con el mundo.
Pero tener una buena ubicación no garantiza desarrollo.
Dentro de algunos años Jujuy puede convertirse en centro de atención internacional por dos razones completamente diferentes.
Podemos ser reconocidos por habernos transformado en la gran puerta logística del norte argentino: una provincia preparada para recibir cargas, almacenarlas, consolidarlas, distribuirlas, prestar servicios, incorporar tecnología y conectar empresas argentinas con Chile, Paraguay, Brasil, Bolivia y los mercados del Pacífico.
O podemos ser noticia por kilómetros de camiones esperando desde Jama hacia el interior de la provincia porque el crecimiento del comercio encontró una infraestructura y una organización que no estaban preparadas.
En ambos casos los camiones van a pasar. La diferencia está en lo que Jujuy sea capaz de hacer con ellos.
Ese es quizás el concepto más importante.
Un corredor no genera desarrollo simplemente porque una ruta atraviese nuestro territorio. Si un camión entra por Jama, cruza Jujuy y continúa viaje, buena parte del valor económico sigue viajando arriba de ese camión.
El verdadero impacto comienza cuando esa carga necesita un depósito en Jujuy; cuando se consolida o desconsolida aquí; cuando necesita un operador logístico, un despachante, combustible, tecnología, seguridad, mantenimiento o seguros; cuando el camionero duerme y consume aquí; cuando una empresa decide instalar un centro de distribución; cuando un joven jujeño consigue trabajo administrando esa operación.
Ahí la logística deja de ser tránsito y se convierte en economía.
Desde la Organización Mundial de Ciudades y Plataformas Logísticas venimos analizando estos procesos desde una perspectiva internacional. Su presidente lleva más de veinte años trabajando y asesorando sobre corredores y plataformas logísticas en distintas partes del mundo. Una enseñanza aparece repetidamente: los territorios que más se benefician de un corredor no empiezan a prepararse cuando llegan los camiones. Empiezan mucho antes.
Y prepararse no significa solamente construir rutas.
Significa formar personas, desarrollar empresas, incorporar tecnología, generar proyectos, atraer inversiones y lograr que el Estado, las cámaras empresariales, universidades, colegios profesionales y sector privado puedan trabajar sobre una misma visión.
Jujuy necesita además salir al mundo a mostrar qué puede ofrecer. Las inversiones no llegan solamente porque tengamos una ubicación privilegiada. Hay que buscarlas, presentar proyectos y participar de los espacios donde hoy se están decidiendo las cadenas logísticas del futuro.
Tenemos también una oportunidad para nuestros jóvenes. La logística que viene necesitará especialistas en comercio exterior, sistemas, inteligencia artificial, transporte, depósitos, automatización, administración y análisis de datos. No estamos hablando solamente de camioneros y grandes empresas. Estamos hablando de una nueva cadena de actividades capaz de generar oportunidades para profesionales, técnicos, emprendedores, comercios y pymes de toda la provincia.
Por eso el Corredor Bioceánico no debería ser únicamente una discusión sobre rutas.
Es una discusión sobre qué Jujuy queremos construir para los próximos veinte años.
Tenemos una posición geográfica que ninguna política pública puede fabricar. Tenemos recursos, infraestructura sobre la cual crecer y una conexión natural entre Argentina y el Pacífico.
Lo que no tenemos es tiempo ilimitado.
Otros países avanzan. Las empresas toman decisiones. Las inversiones buscan destinos. Y cuando el corredor esté plenamente operativo, muchas oportunidades ya tendrán nombre y apellido.
Jujuy será observado por el mundo. La decisión que todavía está en nuestras manos es si queremos ser una provincia por donde pase el desarrollo o una provincia donde parte de ese desarrollo decida quedarse.
La oportunidad existe.
Pero la oportunidad no espera.
Este artículo forma parte de la línea Logística & Desarrollo. Análisis y opinión sobre infraestructura, corredores, comercio y el desarrollo logístico de la región.